Pero al contemplar a sus dos preciosos hijos, sintió una profunda gratitud.
Los había protegido cuando más importaba, eliminando para siempre esa presencia tóxica.
Estaban a salvo, eran amados y su familia era fuerte y estaba unida de nuevo.
El sol brillante entraba con fuerza por las ventanas limpias, llenando la casa de calidez.