Carlos señaló la fotografía. «Explícame». Veronica permaneció en silencio. Finalmente habló. «Cuando conocí a Alejandro, yo estaba desesperada». Carlos sintió un vacío. «¿Desesperada para qué?». «Para sobrevivir». «¿Y mi hermano?». Ella bajó la mirada. «Alejandro me prometió ayudarme». Carmen frunció el ceño. «¿Ayudarte a cambio de qué?». Veronica no respondió. Y ese silencio fue una respuesta. Carlos dio un paso atrás. «No». Sacudió la cabeza. «No me digas que…». «Carlos». «No». La palabra salió con dolor. «No metas a mi hermano en esto». Veronica levantó la mirada. «Él ya estaba metido». La casa quedó en silencio. Carlos recordó todas las conversaciones. Todas las veces que Alejandro había dicho que Veronica era una mujer «complicada pero buena». Todas las veces que había insistido en que Carlos debía confiar en ella. Ahora todo parecía diferente.

El teléfono de Carlos volvió a sonar. Daniel. Contestó inmediatamente. «¿Sí?». «Señor Mendoza, logramos contactar al joven». Carlos se enderezó. «¿Está bien?». «Sí». Hubo una pausa. «Pero antes de hablar con usted, dijo algo importante». Carlos miró a Mateo. «¿Qué dijo?». Daniel respiró. «Dijo: “Pregúntenle a Veronica dónde escondió la carta de mi mamá”». El rostro de Veronica perdió color. Carmen lo notó. «¿Qué carta?». Veronica se levantó. «Nada». Carlos la miró. «Eso no fue la cara de alguien que no sabe nada». «No tienes derecho a juzgarme». Carlos se acercó. «Mi hijo estaba arrodillado frente a un tazón de comida para perro mientras tú mentías sobre tu pasado». Su voz tembló. «Creo que tengo todo el derecho». Veronica tomó su bolso. «Me voy». Carmen bloqueó la salida. «No». Veronica la miró sorprendida.

«Muévete». «No hasta que Carlos sepa toda la verdad». Veronica sonrió débilmente. «¿Y tú crees que sabes la verdad?». Carmen dudó. «¿Qué significa eso?». Veronica miró a Carlos. «Pregúntale a tu hermano por qué nunca te dijo que él estuvo ahí la noche que Mateo desapareció». Carlos quedó paralizado. Porque esa noche siempre había tenido una historia. Una historia que Alejandro le había contado. Una historia donde Veronica era la única culpable. Una historia donde su hermano era el hombre que intentó ayudar. Pero ahora una pregunta apareció. ¿Por qué Alejandro nunca mencionó la carta? ¿Por qué nunca habló de ese niño? ¿Por qué había protegido tanto a Veronica? Carlos tomó las llaves del auto. «Voy a encontrar a mi hermano». Veronica sonrió. «Cuando hables con él, pregúntale una cosa».

Carlos se detuvo. «¿Qué?». Ella lo miró directamente. «Pregúntale por qué el niño que él ayudó a desaparecer tiene el mismo nombre que tu hijo».

Capítulo 6: La casa donde todo empezó

Alejandro vivía a veinte minutos de distancia. Pero esa noche, el camino pareció interminable. Carlos manejaba con las manos apretadas sobre el volante. A su lado iba Carmen. Mateo estaba seguro en casa con una vecina de confianza, alguien que Carlos había llamado antes de salir. No quería separarse de él. Pero necesitaba respuestas. «¿Crees que Veronica está diciendo la verdad?», preguntó Carmen. Carlos miró la carretera. «No sé qué creer». «Pero crees que Alejandro sabe algo». Carlos guardó silencio. Porque esa era la parte que más dolía. Durante años había confiado en su hermano. Habían construido negocios juntos.

Habían enterrado recuerdos juntos. Habían prometido protegerse siempre. Y ahora uno de ellos podía haber destruido la vida de un niño. Cuando llegaron a la casa de Alejandro, las luces estaban encendidas. Carlos bajó del auto. No tocó. Abrió la puerta. «Alejandro». No hubo respuesta. Entró. La sala estaba ordenada. Demasiado ordenada. Como si alguien hubiera preparado todo para una visita inesperada. «¿Dónde estás?», gritó Carlos. Entonces escuchó un sonido. Un golpe. Venía del estudio. Carlos caminó hacia la puerta. La abrió. Alejandro estaba parado frente a un escritorio lleno de documentos. Su rostro cambió al ver a su hermano. «Carlos». «No me mientas». Alejandro miró a Carmen. Luego volvió a Carlos. «¿Qué pasó?». Carlos dejó la fotografía sobre el escritorio. Alejandro la vio. Y perdió el color. «¿De dónde sacaste eso?». Carlos dio un paso adelante. «Así que sí sabes». Alejandro cerró los ojos. «Carlos…» «No». Su voz se quebró. «Ya escuché demasiadas mentiras». Alejandro se sentó lentamente. Parecía más viejo de repente. «Veronica no debió volver a aparecer». Carlos sintió un escalofrío. «¿Qué significa eso?». Alejandro miró la fotografía. «Significa que nunca entendiste lo que realmente pasó». Carmen cruzó los brazos. «Entonces explíquelo». Alejandro tardó unos segundos. Luego abrió un cajón del escritorio. Sacó una caja pequeña. Dentro había cartas. Muchas cartas. Carlos reconoció una firma. La firma de una mujer. La madre de Mateo. «¿Por qué tienes esto?». Alejandro tragó saliva. «Porque ella me las dejó». Carlos tomó una carta. La fecha era de ocho años atrás. «¿Dónde está ella?». Alejandro no respondió. Carlos levantó la mirada. «¿Dónde está la mamá de Mateo?». El silencio fue insoportable. Finalmente Alejandro dijo: «Ella murió intentando recuperar a su hijo». Carlos sintió que el mundo se detenía. «¿Qué?». Alejandro bajó la cabeza. «Y Veronica fue quien causó el accidente». Carmen llevó una mano a su boca. Carlos retrocedió. «No». «Carlos…» «No». La negación salió como una defensa. Porque aceptar eso significaba aceptar que había vivido una mentira. Alejandro continuó: «Pero hay algo que nunca te dije». Carlos lo miró. «¿Qué?». Alejandro señaló las cartas. «La madre de Mateo no murió sin dejar una prueba». Carlos abrió una de ellas. Sus ojos recorrieron las primeras líneas. Y entonces vio una frase escrita con tinta azul:«Si algo me pasa, Carlos Mendoza debe saber que su hijo no fue el único niño que Veronica intentó destruir». Carlos levantó la mirada. «¿Su hijo?». Alejandro asintió lentamente. «Mateo no era el único». Antes de que Carlos pudiera preguntar, un ruido vino desde la puerta. Alguien estaba entrando. Alejandro se quedó inmóvil. «Ella no debería estar aquí». Carlos giró. En la entrada del estudio apareció una figura. Una persona que ninguno esperaba ver. El niño de la fotografía. Mateo Salazar. Y detrás de él estaba Veronica.