Mientras Julián preparaba el requerimiento, Alicia envió otra foto: el antiguo estudio de Teresa estaba vacío y varias cajas con documentos de su difunto esposo habían sido arrumbadas en la cochera. Mariana le había dicho que necesitaban aprovechar mejor el espacio porque su madre probablemente tardaría mucho en volver. Aquello terminó de romper algo que Teresa todavía intentaba proteger.

Horas después, Mariana llamó con una dulzura que Teresa no le escuchaba desde antes de la cirugía. Le dijo que Óscar había pensado que, para evitar problemas fiscales, lo mejor era que Teresa les cediera la casa de una vez. Teresa preguntó por qué tanta prisa. Mariana respondió que, al final, la propiedad iba a ser de ella.

Esa frase dolió más que la cadera. No dijo que sólo ocurriría si su madre quería, ni habló de un futuro lejano. Lo dijo como si Teresa ya fuera un estorbo temporal.

Teresa mantuvo la voz serena y pidió que le enviaran todo por correo. 40 minutos después recibió un paquete con un proyecto de donación, una carta poder amplísima para que Óscar pudiera gestionar cuentas y bienes, y una instrucción para modificar disposiciones patrimoniales futuras. Los documentos no estaban firmados, pero revelaban la intención completa.

Teresa los reenvió a Julián y le preguntó si ya era suficiente. Él respondió que sobraba.

Entonces Teresa revisó el pagaré del préstamo de $1,450,000. Óscar llevaba 19 meses sin pagar una sola mensualidad. Aun así, acababa de cotizar una alberca, una terraza y una camioneta nueva a nombre de su empresa.

El viernes fijaron una reunión en la casa. Teresa dijo únicamente que llevaría los papeles para arreglar todo. Mariana respondió con un corazón rojo. Óscar escribió: “Por fin estás tomando una decisión inteligente”.

El viernes por la mañana Teresa dejó la andadera y caminó con bastón. Metió en una carpeta el aviso de terminación del comodato, copias de las solicitudes de crédito, el pagaré vencido, las escrituras y un requerimiento de pago.

Cuando llegó, vio 2 copas de vino espumoso sobre la mesa. Ya estaban celebrando.

Lo que ninguno de los 2 sabía era que el notario venía detrás de ella.

Parte 3

Mariana abrió la puerta sonriendo y Óscar señaló de inmediato la mesa del comedor, donde había colocado copias nuevas del proyecto de donación. Teresa entró despacio, seguida por Julián y por un notario que llevaba una carpeta sellada.

La sonrisa de Óscar desapareció.

Teresa se sentó y colocó sus documentos frente a ellos. El primer escrito notificaba formalmente la terminación del comodato y les daba el plazo convenido para entregar el inmueble; el segundo reunía las pruebas de que Óscar había presentado la casa como parte de su patrimonio; el tercero exigía el pago del pagaré vencido.

Óscar leyó la primera hoja, luego la segunda, y el color se le fue del rostro. Insistió en que aquella era su casa, pero Julián le recordó que nunca había existido compraventa, donación ni cesión de derechos.

Mariana empezó a llorar y acusó a su madre de querer destruirlos por una discusión nocturna. Teresa la miró con una tristeza seca. No era por un vaso de agua. Era por 5 años en los que cada ayuda se había convertido, poco a poco, en una obligación; por cada transferencia que dejaron de agradecer; por el día en que una hija empezó a hablar de la muerte de su madre como si fuera una fecha de entrega.

Óscar intentó intimidarla diciendo que no podía cobrarle todo de golpe, pero Teresa ya había autorizado a Julián a negociar el pagaré por la vía correspondiente. Para evitar juicio, Óscar terminó vendiendo una camioneta, maquinaria de la empresa y una lancha que casi nunca usaba. Con eso cubrió una parte importante de la deuda y firmó un convenio por el resto. La ampliación quedó cancelada y las financieras retiraron los trámites.

Mariana y Óscar rentaron un departamento de 2 recámaras en una zona mucho más modesta. Teresa no los dejó en la calle; simplemente dejó de financiarles una vida que no podían pagar.

7 meses después vendió la casa de Zapopan y compró una más pequeña, de 1 piso, cerca de Chapala, con ventanas amplias y un jardín donde podía caminar sin escaleras. Su recuperación fue más lenta de lo que esperaba, pero completa.

Un domingo Mariana la llamó. No pidió dinero. No mencionó la casa. Sólo preguntó si podían hablar. Teresa aceptó, aunque dejó claro que la confianza tendría que reconstruirse con hechos.

Óscar nunca se disculpó. A Teresa ya no le importó.

La primera noche que pudo caminar sin bastón, se despertó cerca de las 11, fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua. Nadie apareció para reclamarle. Nadie le pidió que bajara la voz.