—Clara me llamó antes de morir. Y yo no contesté.
La historia aún no ha terminado… descubre lo que sucede en el próximo PARTE
Cesario explicó que aquella noche estaba reunido con el consejo de la empresa. Clara había dejado tres mensajes pidiéndole que fuera al hospital con los documentos de Roldán. Cuando los escuchó, ya era demasiado tarde. Durante años se convenció de que ella quería hablar de la estafa, pero nunca había sabido si existía algo más.
—Roldán utiliza tu culpa —dijo Julian—. Si supiera algo real, no esperaría nueve años.
—La culpa no necesita pruebas para obedecer.
Julian comprendió que era la misma fuerza que podía hacerlo correr tras aquel hombre sin pensar. Llamó a la inspectora y le entregó el mensaje. Ella les pidió que no respondieran. Rastrearían el número y reforzarían la vigilancia de la finca.
Al despertar, Elsie notó la tensión. Julian se negó a mentirle. Le dijo que un hombre relacionado con los papeles de su madre había enviado un mensaje, que la policía los protegía y que nadie esperaba que ella solucionara nada. La niña escuchó con las manos alrededor de una taza de leche.
—Vanessa decía que los adultos nunca cuentan todo porque los niños lo estropean.
—Los adultos decidimos qué detalles pueden hacerte daño —respondió Julian—, pero no debemos utilizar eso para engañarte. Si tienes una pregunta, te contestaré con la verdad que pueda darte.
Elsie señaló los cuadernos.
—¿Mamá murió por culpa de ese hombre?
—Murió por su enfermedad. Roldán le causó miedo y sufrimiento, pero no provocó su enfermedad.
La respuesta pareció suficiente por el momento. Inés recomendó que Elsie hablara con una psicóloga infantil, Lucía Ferrer. La primera sesión tuvo lugar en la biblioteca, con pinturas y muñecos sobre una mesa baja. Julian esperó fuera. Cuando Lucía salió, explicó que la recuperación exigiría estabilidad y que Elsie debía comprobar, mediante hechos repetidos, que podía decir “no” sin recibir castigo.
Julian empezó ese mismo día. Le preguntó si quería comer con él; Elsie dijo que no. Él aceptó. Le preguntó si podía leerle un cuento; ella eligió que Cesario lo hiciera. Él aceptó también. Cada negativa dolía, pero era un dolor que debía aprender a soportar sin convertirlo en responsabilidad de su hija.
Dos días después, la inspectora anunció que el número del mensaje pertenecía a un teléfono comprado por un intermediario de Roldán. También descubrieron pagos recientes a Vanessa. Ella, enfrentada a las pruebas, ofreció declarar a cambio de una reducción de responsabilidad. Confesó que Roldán le había prometido una parte del fideicomiso. Aseguró que su intención inicial era casarse con Julian y persuadirlo, no falsificar nada; cuando comprendió que él nunca firmaría conscientemente, cambió de método.
Vanessa reveló además que Roldán buscaba un tercer cuaderno. Clara había registrado allí una conversación que podía demostrar que él amenazó a una testigo. Nadie lo había encontrado.
Elsie escuchó por accidente la palabra “cuaderno” desde el corredor y recordó que su madre le leía cuentos en el invernadero. Una maceta de azulejos tenía una base hueca donde guardaban tesoros: conchas, botones y notas. Cesario avisó a la inspectora antes de tocarla. Dentro apareció un cuaderno envuelto en tela encerada.
La última entrada describía una reunión con Roldán en el aparcamiento del hospital. Él había amenazado con atribuirle toda la estafa si Cesario acudía a la policía. Una enfermera, Ana Beltrán, presenció parte de la discusión. Clara escribió que Ana conservaría una copia de la grabación.
La policía localizó a Ana en Valencia. Confirmó que Roldán había acosado a Clara y entregó un archivo de audio guardado durante años. En él, Roldán admitía las transferencias y exigía silencio. Su voz también decía algo que resolvía la crueldad del mensaje: sabía que Clara moriría pronto y pensaba que una mujer muerta sería la culpable perfecta. No existía ningún secreto sobre su fallecimiento; solo una amenaza antigua reciclada para manipularlos.
Se emitió una orden de detención. La prensa descubrió la investigación antes de que Cesario pudiera anunciarla. Las acciones de la empresa cayeron, varios socios exigieron su dimisión y periodistas rodearon la verja. Cesario preparó un comunicado frío, lleno de términos legales. Elsie lo vio romper el primer borrador.
—¿Vas a decir que te equivocaste? —preguntó.
—Sí.
—¿Aunque se enfaden contigo?
—Sobre todo por eso.
En la comparecencia, Cesario reconoció que había ocultado el fraude, pidió perdón a la memoria de Clara y anunció una auditoría independiente. No mencionó a Elsie ni permitió que se filtrara detalle alguno sobre ella. Julian estuvo a su lado y admitió su propia falta como padre, sin describir la agresión ni convertir el dolor de su hija en defensa pública.
Al regresar, encontraron a Elsie en el salón pequeño, escuchando otra vez la grabación de Clara. Cuando terminó, miró a Julian.
—Hoy puedes leerme el cuento —dijo.