Él pidió leer la cláusula sobre la venta de inmuebles. El comprador previsto era una sociedad vinculada con Ernesto. El precio quedaba pendiente de una valuación privada y el dinero podría depositarse en una cuenta designada por Renata. Alejandro sintió una presión en el pecho. Durante años había trabajado jornadas interminables para conservar aquellas bodegas, convencido de que su padre las había dejado al borde de perderse. Su suegro había sido quien le consiguió créditos para salvarlas.

Entonces entró Diana. Llevaba la solicitud de protección, los documentos de atención médica de Carmen y una copia de las grabaciones. Informó al notario de las amenazas y pidió que conservara el expediente de la operación.

Alejandro autorizó reproducir un fragmento. La voz de Renata llenó el despacho mientras exigía la firma a cambio de permitir que Carmen permaneciera en casa. La mujer que supuestamente conocía a su madre dejó de mirar al frente. El médico empezó a recoger sus papeles. El notario suspendió la reunión y aclaró que ningún poder de Alejandro permitiría decidir por una persona adulta independiente. Renata acusó a su esposo de preparar una humillación.

Ernesto perdió la paciencia y le reprochó haber discutido con Carmen antes de que el banco terminara de revisar la venta. Diana anotó el nombre del banco. Alejandro reconoció la institución que, después de la muerte de Armando, había exigido pagar créditos que él nunca encontró completos en los archivos.

Antes de que pudiera preguntar, recibió un mensaje de un número desconocido. El remitente aseguraba tener información sobre las deudas de su padre y le pedía buscar el cuaderno escondido detrás del cuadro de la Virgen de Guadalupe. Adjuntaba una fotografía antigua de Armando frente a la bodega 3. Alejandro conocía ese cuadro: Renata lo había enviado al almacén alegando que estaba viejo.

Le mostró la fotografía. Ella miró inmediatamente a Ernesto y le reclamó que había prometido destruir todas las copias. Su padre intentó callarla. Diana pidió a Alejandro que salieran. Al llegar al estacionamiento, encontraron a Manuel Ortega, el antiguo contador de Armando, esperando junto al automóvil. Tenía una llave entre las manos. Alejandro llevaba 8 años creyendo que aquel hombre se había jubilado sin despedirse.

Parte 3

Manuel había visto a Carmen en el supermercado varias semanas antes. La encontró buscando monedas mientras Renata le reprochaba, delante de todos, que fuera una carga. Aquella escena lo persiguió hasta que decidió buscar a Diana. Había tardado años en admitir que también él había ayudado a destruir a esa familia. Ernesto pagó una operación de su esposa y después le exigió modificar reportes, retener pagos y ocultar contratos.

Armando se negó a venderle su negocio de transportes; entonces comenzaron a aparecer atrasos y deudas infladas. Los clientes recibieron información que hacía parecer a la empresa incapaz de cumplir. Cuando Armando enfermó, pasó sus últimos meses intentando entender por qué el dinero desaparecía aunque los camiones siguieran trabajando. Alejandro escuchó sin interrumpir. Recordó a su padre haciendo cuentas en la cocina de madrugada y disculpándose con Carmen por un desastre que atribuía a su propia torpeza. Manuel explicó que Armando terminó sospechando.

Reunió comprobantes originales y escribió un registro de cada irregularidad. Lo escondió detrás del cuadro porque ya desconfiaba del contador. Renata conocía aquel negocio desde antes de conocer a Alejandro: trabajaba con Ernesto, entregaba documentos y participaba en reuniones. Su posterior acercamiento al hijo formaba parte de otro intento por obtener lo que Armando se había negado a vender.

Alejandro pidió detener el automóvil. Necesitó bajar y respirar antes de continuar. Había compartido 6 años de su vida con alguien que sabía por qué su padre murió avergonzado. Diana lo acompañó a la bodega con Manuel. Fotografió el cuadro antes de abrir su respaldo y documentó el hallazgo del cuaderno, junto con sobres de facturas y contratos. Había fechas, cantidades y nombres que podrían verificarse. En varias páginas aparecía Renata Valdés.

Al final encontraron una carta dirigida a Alejandro. Armando explicaba sus sospechas y le pedía que protegiera a Carmen, que conservara documentos y que nunca confundiera una amenaza con una obligación. Alejandro reconoció la letra inclinada de su padre. Se quedó sentado sobre una caja, con la carta entre las manos, hasta que pudo levantarse.

No hubo una solución inmediata. Diana presentó las pruebas ante las autoridades correspondientes y pidió revisar los movimientos de la empresa. Las medidas de protección permitieron a Carmen regresar a casa acompañada, mientras Renata retiraba sus pertenencias mediante un acuerdo supervisado. El médico tuvo que responder por el informe que había firmado sin examinarla.