El contador abrió el reporte inicial, con su fecha de recepción.
—La revisión comenzó hace tres semanas. Su esposa recibió aviso después. Aquí está la secuencia.
Me quedé sentada mientras comparaban las fechas. Por primera vez desde la tarde anterior, no tenía que defenderme explicando cómo me sentía.
El primer informe de Arce incluía un mapa de rutas que Estiba ya utilizaba. El segundo conservaba, en sus propiedades digitales, el nombre de la analista que había creado el archivo original.
La analista había entregado su versión desde el año anterior. Su correo de envío seguía en el servidor.
—Puede ser material de referencia —dijo Iván.
—El contrato cobra por un rediseño nuevo —respondió Julián—. Solicitamos los entregables completos. Arce mandó estos mismos archivos y no acreditó trabajo adicional.
Después aparecieron las ocho autorizaciones y la declaración de ausencia de conflictos de interés.
Iván se inclinó hacia delante.
—Que Octavio sea mi primo no demuestra ningún delito.
—Por eso no estamos usando solamente el parentesco —dijo Daniela—. Estamos documentando pagos, servicios no acreditados y una declaración falsa. Usted podrá presentar sus explicaciones y sus pruebas.
Héctor Mena, uno de los consejeros, le preguntó dónde estaban las propuestas alternativas que debía haber solicitado según la política de compras.
Iván pidió tiempo para encontrarlas.
Paula Sainz le preguntó quién había verificado los servicios antes de pagarlos.
Él mencionó a una coordinadora de operaciones.
Julián mostró el correo de esa coordinadora: había advertido que no podía validar los trabajos. Iván respondió ordenándole procesar la solicitud de pago porque él asumía la autorización.
Conocía esa forma de trasladar culpas. La había visto cuando llegaba tarde a nuestras citas médicas y decía que yo no le había recordado la hora.
Entonces pusieron en pantalla la factura de la camioneta y la solicitud interna firmada por él.
«Unidad destinada a supervisión de entregas».
Debajo aparecía la placa que yo había fotografiado.
—Tiene una explicación —dijo—. Lorena nos estaba ayudando con relaciones comerciales.
Daniela abrió el expediente de personal y la búsqueda de contratos.
—No encontramos contratación ni asignación autorizada. Necesitamos esos documentos.
—No todo pasa por ustedes.
Héctor cerró su carpeta.
—El uso de nuestros vehículos sí.
Iván volvió hacia mí la silla.
—Diles que paren. Podemos arreglarlo en la casa.
Saqué la propuesta de convenio y la dejé cerrada frente a mí.
—Anoche dijiste que yo no tenía casa.
—Estaba enojado.
—Yo estaba embarazada. Ninguna de las dos cosas explica estas facturas.
Su teléfono vibró varias veces. Lo puso boca abajo.
Beatriz pidió que saliéramos unos minutos mientras el consejo deliberaba. En el pasillo, Iván intentó acercarse a mi bolso.
—Dame esos papeles. Mi abogado tiene que corregirlos.
Los sujeté contra mi cuerpo.
—Tu abogado puede escribirle a Silvia.
Daniela se quedó a mi lado. Iván bajó la voz.
—¿Vas a dejar a tu hijo sin padre por dinero?
—Vas a seguir siendo su padre. Lo que hagas con esa responsabilidad depende de ti.
Nos llamaron de vuelta. El consejo acordó removerlo de la dirección general, revocar sus poderes y nombrar una responsable interina. También autorizó ampliar la auditoría y presentar la denuncia con el expediente disponible.
Le entregaron la notificación por escrito. Un delegado acudiría con el notario para formalizar las revocaciones y comunicarlas a bancos y contrapartes.
Su contrato y cualquier cantidad que legalmente correspondiera se revisarían por separado. No iban a descontarle cuatro millones de una nómina por una orden mía.
Mientras firmaban el acta, sistemas bloqueó sus accesos corporativos y conservó los respaldos. Tesorería canceló sus tarjetas empresariales y mantuvo retenido el anticipo de Arce.
Iván miró su celular cuando dejó de entrarle el correo.
—Todavía soy tu marido.
—Por eso voy a tramitar el divorcio. Tu puesto ya se resolvió aquí.
Lo acompañaron a recoger sus objetos personales, con un inventario del equipo que entregaba. Salió con una mochila y la chamarra que guardaba en su oficina.
En recepción, Lorena preguntó si podía llevarse la camioneta.
La encargada de flotilla le mostró la factura y solicitó la devolución del vehículo de la empresa. Lorena dijo que había sido un regalo.
—Entonces tendrá que aclararlo con quien se lo prometió —respondió Daniela.
Lorena llamó a un abogado. Después de hablar con él, entregó las llaves y firmó una constancia de devolución. Se fue en un coche de aplicación, sin esperar a Iván.
Yo tampoco lo esperé.
Fui a mi cita con Silvia y esa tarde a revisión con mi obstetra. Mi tía me acompañó. Escuchar el latido de mi hijo me permitió soltar, por fin, el aire que llevaba un día entero administrando.
La denuncia empresarial no produjo una detención al salir de la oficina. Produjo requerimientos, entrevistas y semanas de documentos.
Yo entregué el video y la conversación donde Iván lo había difundido. Silvia los incorporó, junto con mi relato, a la solicitud de medidas de protección. Dejé de responderle directamente.