—Yo me quedo contigo —dijo Dante.
Clara anunció que regresaría a recoger sus cosas cuando Inés estuviera lista. No tenía intención de dormir en la casa del personal.
—Podemos organizar un alojamiento seguro para esta noche —ofreció Dante—. Tú eliges. No tendrás que hablar con Javier ni con Sergio para conseguirlo.
Clara dudó. La agente le explicó que podía contar también con asistencia independiente. Aquello la ayudó a aceptar una habitación cercana al hospital, sin sentir que cambiaba una dependencia por otra.
Mientras anotaban sus datos, el teléfono de Clara vibró. Leyó la pantalla y se quedó inmóvil. Dante sólo vio la última línea cuando ella se lo mostró a la agente: «Si sigues hablando, recuerda quién autorizó todos esos pagos».
El remitente era Sergio.
La historia aún no ha terminado… descubre lo que sucede en el próximo PARTE.
La agente pidió a Clara que no respondiera. Fotografió el mensaje con su autorización y le explicó cómo conservar la conversación completa. Dante se apartó unos pasos para llamar a su abogada, Marta Salas, y a Elena, la responsable financiera de su empresa. Les dio hechos, no conclusiones: una agresión, denuncias de salarios retenidos, un sobre recuperado y una amenaza escrita.
—Necesito que se preserve la documentación —dijo—. Los accesos, las imágenes del jardín, los registros de pagos. Sin consultar a Javier ni a Sergio.
Marta le recordó que también debía conservar sus propias comunicaciones y facilitar cualquier documento firmado por él. Dante aceptó sin discutir. Si su nombre formaba parte de aquello, no podía pedir transparencia sólo a los demás.
Después volvió a sentarse junto a Leo. El niño había cerrado los ojos, pero no dormía.
—¿Estás enfadado conmigo?
—No.
—Tienes esa voz.
Dante dejó el teléfono boca abajo.
—Estoy enfadado por lo que pasó. Y preocupado. A veces mi voz se vuelve dura antes de que me dé cuenta. No es culpa tuya.
Leo apoyó la mejilla contra la almohada.
—Cuando dijiste lo del miedo, pensé que ibas a hacerle algo más.
La observación le dolió de un modo distinto al golpe. Dante había querido que Javier entendiera que no volvería a acercarse a su hijo. Leo había oído a su padre hablar el idioma del hombre que acababa de hacerle daño.
—Estaba muy asustado por ti —admitió—. Lo detuve porque seguía atacando. Después debí hablar de otra manera. No voy a perseguirlo ni a hacerle daño para que me tenga miedo.
—¿Aunque sea malo?
—Aunque haya hecho algo muy malo. Lo que haga ahora debe impedir que vuelva a hacerlo. Y tendremos ayuda.
Leo abrió los ojos para comprobar si lo decía en serio. Dante se quedó allí hasta que el niño logró dormirse.
Al caer la tarde, Elena llegó con Marta y una carpeta. Habían tomado medidas para impedir modificaciones en los sistemas y pedido que el personal de seguridad asignado a Sergio fuera sustituido provisionalmente. La policía conocía el mensaje; cualquier contacto posterior con Clara debía registrarse.
Se reunieron en una sala que el hospital les permitió usar unos minutos, mientras una enfermera permanecía cerca de Leo y Clara esperaba con Inés.
—Hay una autorización tuya para anticipos de personal —dijo Elena—. Es de febrero. Javier la utilizó para justificar retiradas de efectivo y descuentos en nómina.
Dante reconoció la firma antes de que le enseñara la fecha. Durante un viaje había autorizado un fondo destinado a emergencias de empleados, con rendición mensual de cuentas.
—No autoricé descuentos.
—El documento no los contempla —confirmó Marta—. Pero necesitamos ver qué revisiones recibiste y qué contestaste.
Elena deslizó dos hojas. En una constaba el pago íntegro del salario de Clara. En otra aparecía una cantidad menor, registrada como transferencia. La diferencia se atribuía a un anticipo que Clara supuestamente había recibido en efectivo.
—Su firma está en un recibo —explicó Elena—. Falta comprobar el original y las condiciones en que lo firmó. No voy a dar por válido ni por falso lo que todavía no sabemos.
Dante pensó en las manos de Clara, en la disculpa que había pronunciado junto al césped.
—Ella dijo que firmaban para que les corrigieran los errores.
—Y hay más empleados con diferencias parecidas. Los escucharemos fuera de la línea de Javier.
No era una operación imposible de descubrir. Era una operación que nadie había querido mirar con suficiente atención. Javier entregaba resúmenes limpios; Sergio validaba las supuestas entregas de dinero. Los números pequeños se disolvían dentro de gastos grandes y los afectados recibían la misma respuesta: ya estaba aprobado arriba.
—Yo era arriba —dijo Dante.
Marta no lo consoló.
—Ahora te corresponde colaborar y reparar lo que se acredite. La investigación determinará las responsabilidades. No intentes resolverlas con un cheque y una conversación privada.
Cuando salieron, Clara aguardaba con otro documento en su teléfono. Era el correo que había enviado solicitando una reunión, seguido de una respuesta de la oficina de Dante: «Canalícelo a través de su coordinador».