Sofía se inclinó hacia la pantalla. Su padre miró directamente al dispositivo. Después habló. —Si alguien encuentra esto, significa que Marisol perdió el control otra vez. Se oyó un ruido en el pasillo. Daniel giró la cabeza y guardó algo en el bolsillo. —Los niños no pueden saber por qué estoy haciendo esto —continuó—. Si descubren la verdad sobre su madre, todo habrá terminado.
La grabación se interrumpió. Mateo soltó un gemido. —¿Qué verdad? Ramírez volvió a reproducir los últimos segundos, pero el archivo terminaba exactamente en el mismo punto. —Parece que alguien cortó el video —dijo.
Sofía observó la pantalla negra. —Mi papá no estaba tratando de protegernos de Marisol. Estaba tratando de proteger algo que hizo.
En ese momento, un agente apareció en la puerta. —Oficial Ramírez, necesitamos que venga. El señor Reyes acaba de solicitar hablar con usted. —¿Ha pedido un abogado? —Sí. Pero también ha exigido que sus hijos estén presentes.
Sofía se levantó de inmediato. —Quiero verlo. Ramírez la miró con cautela. —No tienes que hacerlo. —Toda mi vida he esperado que mi papá me explique por qué murió mi mamá. Si finalmente va a hablar, quiero escucharlo.
Mateo se aferró a su mano. —Yo también voy.
Daniel estaba sentado en una pequeña sala de entrevistas, con las manos esposadas sobre la mesa. Cuando vio entrar a sus hijos, intentó levantarse, pero el agente le indicó que permaneciera sentado. Tenía el rostro pálido y los ojos enrojecidos. —Sofía, Mateo… gracias por venir. Sofía permaneció junto a la puerta. —No estamos aquí para perdonarte. Daniel bajó la cabeza. —Lo entiendo. —Entonces habla.
El hombre respiró profundamente. —La noche que murió su madre, yo estaba con ella. Mateo comenzó a temblar. —¿Por qué nos dijiste que estabas en Dallas? Daniel miró a su hijo. —Porque tuve miedo. —¿De qué? —preguntó Sofía—. ¿De que supiéramos que dejaste sola a mamá? Daniel cerró los ojos. —De que descubrieran lo que había hecho para mantenerla conmigo.
Sofía sintió que Ramírez se tensaba a su lado. —¿Qué hiciste? —preguntó la oficial. Daniel abrió la boca, pero su mirada se desplazó hacia el espejo oscuro de la pared. Durante unos segundos, pareció debatirse entre hablar y guardar silencio. Finalmente, susurró: —Yo no conducía el coche cuando ocurrió el accidente.
Mateo se cubrió la boca. Sofía sintió que las rodillas le fallaban. —¿Quién conducía? Daniel miró a sus hijos. —Marisol.
La oficial Ramírez se quedó inmóvil. Daniel tragó saliva y añadió una frase que cambió todo lo que Sofía creía saber sobre la noche en que perdió a su madre. —Pero Marisol no fue quien decidió que mi madre debía morir.
Capítulo 5: La mujer que conocía el secreto
—¿Tu madre? —preguntó Sofía. Daniel asintió lentamente. —Mi madre sabía lo que estaba pasando entre Lucía y yo. Sabía que nuestro matrimonio se estaba destruyendo y que yo estaba tomando decisiones terribles. Aquella noche, ella también estaba allí.
La oficial Ramírez abrió su libreta. —Señor Reyes, necesito que sea específico. ¿Está afirmando que su madre estuvo presente durante el accidente? —Sí. —¿Y que Marisol conducía el vehículo? Daniel volvió a asentir.
Sofía se llevó las manos a la cabeza. Durante años había creído que su abuela paterna, Teresa Reyes, era una mujer severa pero cariñosa. Les enviaba tarjetas en sus cumpleaños, preparaba tamales en Navidad y siempre insistía en que la familia debía permanecer unida. Después de la muerte de Lucía, Teresa había sido la primera en abrazarla en el funeral. Le había susurrado que su madre estaba en un lugar mejor. ¿También había mentido?
—¿Por qué estaba Marisol con mi mamá? —preguntó Sofía. Daniel se pasó una mano por la cara. —Lucía había descubierto que yo estaba ocultando dinero de nuestras cuentas familiares. Quería divorciarse y tenía documentos que podían demostrar que había utilizado parte de sus ahorros sin su permiso. Marisol trabajaba conmigo en la empresa. Sabía dónde estaban los documentos y cuánto podía perder yo si Lucía los entregaba. —¿Y tu madre? —insistió Ramírez. —Teresa quería impedir el divorcio. Decía que destruiría a la familia y perjudicaría a los niños. Convenció a Marisol de que podía hablar con Lucía y resolverlo todo antes de que yo regresara.
Sofía sintió náuseas. —¿Y terminaron en un accidente? Daniel bajó la mirada. —Hubo una discusión. Marisol perdió el control del coche. Lucía resultó herida. —¿Y tú? —preguntó Sofía—. ¿Dónde estabas? —Llegué después. —¿Y la dejaste allí? —No. La respuesta salió demasiado rápido.
Ramírez levantó la mano. —Señor Reyes, necesitamos distinguir lo que usted presenció de lo que otras personas le contaron. Daniel tragó saliva. —Cuando llegué, mi madre estaba junto a la carretera. Marisol tenía sangre en las manos. Lucía seguía dentro del coche. —¿Estaba consciente? —preguntó Sofía. Daniel no contestó. —¡Papá, contéstame! —Sí —susurró—. Durante unos minutos, sí.