Los primeros resultados permitieron separar precisamente eso. Algunas autorizaciones de gastos eran reales; Daniel las había firmado sin comprobar las facturas. Otras firmas se habían reproducido a partir de documentos antiguos. Los archivos de preparación estaban vinculados al equipo de administración. El rastro bancario llevaba a una sociedad controlada por Rafael y a una cuenta de Vanessa, no a los ingresos personales de Daniel.
Entretanto, Lucía prestó declaración con profesionales preparados para escucharla. Daniel no entró con ella en todas las fases, pero estuvo donde le habían prometido que esperaría. Cuando salió, la niña llevaba un vaso de agua entre las dos manos.
—No me acordaba de una cosa —dijo, angustiada.
—Puedes no acordarte.
—¿Y si por eso no me creen?
Daniel sintió ganas de asegurarle que todo el mundo creería cada palabra. Se contuvo.
—Tu trabajo era decir lo que recordabas. Averiguar lo demás les toca a los mayores.
Ella se sentó junto a él y bebió. No preguntó nada más.
Aquella tarde, con permiso de los investigadores, volvieron a casa para recoger algunas cosas. Vanessa ya no tenía acceso. Clara acompañó a los niños a sus habitaciones, mientras Daniel se quedó frente al despacho. El registro del suelo había vuelto a cerrarse. Era absurdo que una superficie tan pequeña pudiera contener una parte tan grande de su desconocimiento.
En el cajón del escritorio encontró una lista corriente de Elena: leche, pilas, zapatillas para Mateo. No la guardó como una prueba. La guardó porque echaba de menos a la mujer que olvidaba comprar pilas, que dejaba tazas en la repisa y se reía con la boca llena. La investigación empezaba a devorar también esos recuerdos, y no quería perderla por segunda vez.
Desde el salón sonó un golpe seco. Daniel salió corriendo. Mateo había tirado sin querer una caja al bajar de una silla. El niño se había encogido bajo la mesa de café, en el mismo lugar donde su padre lo había encontrado aquella tarde.
Daniel se sentó sobre la alfombra clara, sin pedirle que saliera.
—La caja está bien. Tú estás a salvo.
Lucía se quedó en la puerta. Clara apartó despacio los objetos caídos. Pasaron varios minutos antes de que una mano pequeña apareciera bajo la mesa. Daniel la recibió sin tirar de ella.
Fue allí, todavía en el suelo, donde comprendió que resolver la muerte de Elena no borraría lo que había ocurrido después. Tendrían que volver a aprender el sonido de los pasos, de un cajón, de una voz desde otra habitación.
Cuando llegaron de nuevo a casa de Clara, Teresa lo llamó. Rafael había sido detenido tras incorporarse nuevos resultados y comprobarse contradicciones importantes en su relato. La comparación pericial de los daños respaldaba el contacto entre ambos vehículos. Un trabajador de reparto, localizado a partir del testimonio inicial, había confirmado que la furgoneta circulaba pegada al coche antes de la salida de vía.
—Hay otra novedad —añadió Teresa—. Vanessa quiere declarar de nuevo, con su abogada. Dice que Rafael la ha dejado sola con todo.
Daniel miró por la ventana. Durante un segundo deseó que ella sintiera la misma soledad que había impuesto a sus hijos. Después se cansó de ese deseo.
—Que cuente la verdad —dijo—. Eso es lo que necesitamos.
La historia aún no ha terminado… descubre lo que sucede en el próximo PARTE
La verdad no llegó aquella noche. Daniel preparó la cena, escuchó a Mateo explicar que su peluche necesitaba una cama propia y ayudó a Lucía a lavarse el pelo sin mojarle los ojos. A ratos miraba el teléfono. Al darse cuenta de que su hija seguía cada uno de esos movimientos, lo dejó en otra habitación y terminó de secarle la melena castaña.
Vanessa declaró al día siguiente. No pidió primero perdón por los niños. Intentó establecer cuánto podía beneficiarla colaborar. Su abogada le explicó que nadie iba a prometerle un resultado a cambio de una versión conveniente. Solo entonces empezó a hablar de la tarde en que Elena salió de casa.
Daniel conoció su declaración a través de Teresa y, más adelante, de las actuaciones. Otros datos permitían contrastar lo que Vanessa contaba y detectar sus últimas omisiones.
Elena había encontrado en la caja del despacho documentos que no coincidían con las cuentas oficiales. Al enfrentarse a Vanessa con una de las facturas, esta había asegurado que se trataba de un error. Luego avisó a Rafael. Elena les anunció que consultaría a una abogada y que hablaría con Daniel en cuanto regresara de una visita de obra.
Vanessa quiso convencerla de que esperara. Le habló de los puestos de trabajo y de las deudas, como si lo que amenazaba a la empresa fuera descubrir el robo. Elena no aceptó. Preparó una carpeta y salió para su cita.