Aquella tarde, Alejandro recibió una llamada de Martín. —Hemos encontrado algo importante en los registros de la hoja de seguimiento. —¿Qué cosa? —Las iniciales A.M. no aparecen en las primeras versiones del documento. Fueron añadidas varios meses después, cuando alguien consolidó los expedientes para preparar un informe ejecutivo. Alejandro se quedó inmóvil. —¿Quién realizó esa modificación? —La cuenta utilizada pertenece a un asistente administrativo que ya no trabaja en la empresa. Pero la edición se realizó desde un terminal de la oficina de Daniel Foster. —¿Podemos demostrar quién estaba usando el terminal? —Todavía no. El registro identifica el equipo, no necesariamente a la persona. Alejandro respiró despacio. —¿Y la firma? —No existe una firma digital tuya ni una aprobación registrada en el sistema oficial. Por ahora, no hay evidencia de que hayas autorizado el cierre de esos expedientes.

El alivio que sintió Alejandro fue real, pero incompleto. —Continúen revisando. —Hay otra cuestión —añadió Martín—. Ricardo acaba de comunicar a través de su abogado que está dispuesto a entregar mensajes relacionados con la gestión de las quejas. Alejandro miró por la ventana. —¿A cambio de algo? —No ha solicitado un acuerdo específico. Pero su abogado quiere dejar claro que la entrega se hará sin renunciar a sus derechos legales. —Eso es razonable. Que todo se gestione formalmente. Martín hizo una pausa. —Señor, los primeros mensajes podrían ayudarnos a entender qué ocurrió entre Ricardo y Daniel. Pero también podrían mostrar que Ricardo conocía los cierres y que participó en ellos. —Entonces revisaremos los mensajes completos, no solo los que favorezcan a una persona. Después de colgar, Alejandro regresó a la sala donde Clara había colocado las copias de los expedientes.

Había pensado que el problema terminaría al identificar a los responsables. Ahora entendía que también tendría que demostrar que la empresa era capaz de examinarse a sí misma, incluso cuando los resultados pudieran perjudicar a sus propios directivos. Y la investigación todavía no había llegado a su punto más delicado. Porque, aquella misma tarde, una mujer que trabajaba en el departamento de auditoría pidió hablar en privado con Clara. La empleada llevaba una memoria USB dentro de un sobre sellado. —Encontré esto mientras revisaba los archivos antiguos —dijo—. No sé si es relevante, pero alguien me pidió hace meses que no lo incluyera en el informe trimestral. Clara no abrió el sobre. —¿Quién te lo pidió? La mujer miró hacia la puerta. —Daniel Foster. —¿Qué contiene? La empleada tragó saliva.

—Una grabación de una reunión en la que Ricardo habla de las quejas de los empleados. Clara permaneció inmóvil. —¿Estás segura de que es auténtica? —Todavía no la he escuchado completa. Pero reconozco las voces y la fecha coincide con una reunión que aparece en el calendario corporativo. Clara llevó el sobre directamente a la sala de auditoría. Cuando Alejandro llegó, la memoria ya estaba bajo custodia del equipo técnico. —¿Qué sabemos? —preguntó. Clara respondió con cautela. —La grabación parece corresponder a una reunión celebrada un año antes. Si se confirma su autenticidad, podría aportar contexto importante sobre las decisiones de Recursos Humanos. Alejandro miró el sobre sellado. —Reprodúzcanla únicamente después de verificar su integridad y documentar quién tuvo acceso a ella. El equipo técnico comenzó a trabajar. Y, mientras los especialistas preparaban el archivo,

apareció una notificación en la pantalla del sistema. La grabación estaba identificada con una fecha, un número de expediente y una descripción escrita por quien la había archivado.«Reunión privada: Ricardo Salvatierra, Daniel Foster y dirección ejecutiva». Alejandro leyó la última línea dos veces. La reunión había tenido lugar en una fecha en la que él se encontraba fuera del país. Pero, según el registro, alguien había enviado después un resumen a su despacho. Un resumen que afirmaba que todos los asuntos de conducta en aquella división estaban resueltos. Y si la grabación demostraba que los participantes sabían algo distinto, Alejandro tendría que descubrir quién había decidido ocultárselo.

Kapitel 9: La voz detrás de la puerta