Esa tarde, Valeria pidió hablar con su padre. El dolor había disminuido, aunque todavía necesitaba ayuda para caminar y mantener la pierna en una posición cómoda. Alejandro se sentó junto a ella. —¿Qué necesitas? —Quiero saber si van a despedir a Ricardo. Él tardó un momento en responder. —La empresa tomará una decisión cuando concluya la revisión laboral. La investigación policial sigue su propio camino. Valeria asintió. —¿Y Daniel? ¿Y el otro hombre de la grabación? —También tendrán que responder sobre sus decisiones. Ella miró hacia la ventana. —A veces me pregunto si todo esto habría salido a la luz si yo no hubiera sido la persona que golpearon. Alejandro no intentó negar la posibilidad. —Es posible que la investigación no hubiera avanzado de la misma manera. Pero ahora tenemos la oportunidad de revisar los hechos y corregir lo que encontremos.
Valeria lo miró con tristeza. —No quiero que la gente diga que solo escucharon porque soy tu hija. Alejandro le tomó la mano. —Entonces tendremos que asegurarnos de que las otras personas sean escuchadas también. Valeria permaneció en silencio unos segundos. Después preguntó: —¿La grabación decía algo sobre mí? —No. Ocurrió mucho antes de la agresión. —Entonces no quiero que conviertan mi caso en una excusa para vengarse de Ricardo. Alejandro apretó suavemente su mano. —No lo haré. Ella respiró profundamente. —Quiero que responda por lo que hizo. Pero también quiero que, si hay otras personas responsables, no las protejan solo porque ocupan cargos importantes. Alejandro asintió. —Eso es exactamente lo que debemos hacer. En ese momento, Clara llamó. —Señor Mendoza, el análisis del archivo ha identificado algo que necesitamos revisar de inmediato.
Alejandro se apartó ligeramente para escuchar mejor. —¿Qué encontraron? —La grabación tiene una segunda parte. El archivo principal terminaba cuando alguien apagó el equipo de grabación, pero hemos recuperado un fragmento adicional de la copia de seguridad. —¿Qué contiene? Clara hizo una pausa. —Una conversación entre Daniel y Thomas después de que Ricardo salió de la sala. Alejandro miró a Valeria. —¿Sobre qué hablan? —No lo sabemos todavía. Estamos verificando el fragmento, pero se escucha claramente a Thomas decir que el presidente no debe recibir el informe completo. Alejandro sintió un escalofrío. —¿Y Daniel qué responde? Clara tardó un segundo en contestar. —Dice: «Si Alejandro ve los documentos originales, sabrá que nunca autorizó esos cierres». Alejandro cerró los ojos. La frase no demostraba por sí sola quién había modificado los registros ni por qué se habían omitido los documentos.
Pero cambiaba la dirección de la investigación. Ya no se trataba solamente de determinar si Ricardo había abusado de su autoridad o si Daniel había gestionado mal las quejas. Alguien había discutido expresamente la posibilidad de que Alejandro viera los documentos originales. Y, según la grabación, ambos hombres sabían que el informe que había llegado a su despacho no contenía toda la información. Alejandro volvió a mirar a su hija. —Tengo que hacer una llamada. Valeria asintió. Él se dirigió al pasillo y contestó a Clara. —Preserven el fragmento completo. Quiero que lo revisen de manera independiente y que preparen una transcripción verificable. —Ya está en marcha. Alejandro hizo una pausa. —Y Clara, no se lo comuniques a Thomas ni a Daniel hasta que el equipo legal determine el procedimiento adecuado.
—Entendido. Cuando colgó, Alejandro permaneció unos segundos mirando el teléfono. Durante años había creído que conocía a las personas que dirigían su empresa. Ahora no estaba seguro de quién había tenido acceso a su nombre, quién había utilizado su autoridad y quién había decidido que la verdad era demasiado incómoda para llegar hasta su escritorio. Pero el fragmento de la grabación prometía responder una pregunta que lo atormentaba desde que había visto sus iniciales en aquella hoja.¿Quién había hecho creer a Alejandro Mendoza que había aprobado decisiones que jamás recordaba haber tomado? Y la respuesta podía estar escondida en los documentos originales que alguien había intentado mantener fuera de su alcance.