—Sí. —Mi nombre es Patricia Mills. Trabajo en el departamento de cumplimiento de Lone Star Commercial Bank. Me comunico porque su nombre aparece en un expediente financiero que actualmente está siendo revisado. Miré hacia la puerta de la habitación. Elliot me había advertido que no debía hablar de mis asuntos financieros con desconocidos, así que mantuve la voz tranquila. —Mi abogado está llevando ese asunto. Puede comunicarse con él. —Lo entiendo. No quiero solicitarle información confidencial ni pedirle que tome ninguna decisión. Necesitaba confirmar que usted conoce la existencia de una solicitud relacionada con una garantía vinculada a un fideicomiso familiar. —Ahora la conozco. —¿Usted autorizó un cambio en la administración de sus beneficios? —No. La mujer guardó silencio durante un instante. —Gracias por aclararlo. Por favor, no nos envíe documentos personales ni información bancaria a este número.

Su abogado puede contactar a nuestro departamento mediante los canales oficiales. —¿Puedo hacerle una pregunta? —Si puedo responderla, sí. —¿Por qué mi hijo necesita liberar esa garantía con tanta urgencia? Patricia respiró lentamente. —No puedo revelarle información protegida sobre las obligaciones de otra persona sin confirmar la base legal para hacerlo. Pero puedo decirle que la operación se encuentra bajo revisión y que no debe asumir que la solicitud ha sido aprobada. —¿La casa está en riesgo? —No puedo darle una conclusión sin revisar los contratos. Su abogado puede solicitar esa información. Le agradecí y colgué. Después llamé a Elliot. Él llegó al hotel menos de una hora más tarde, con una carpeta nueva bajo el brazo. —El banco se comunicó contigo —dijo. —Sí. No me dieron muchos detalles. —Hiciste bien en no responder nada sobre tus finanzas.

Acabo de recibir una parte adicional del expediente y creo que empezamos a entender la urgencia. Puso los documentos sobre la mesa. El primero era un estado de obligaciones relacionado con Halbrook Construction, la empresa de Daniel. El segundo era una modificación de las condiciones de una línea de crédito. El tercero contenía información sobre la garantía vinculada al fideicomiso. Elliot señaló varias cifras. —Tu hijo ha estado enfrentando problemas de liquidez. Su empresa tiene pagos pendientes, y ciertas obligaciones están vinculadas a garantías que requieren autorización del fiduciario para modificarse. —¿Qué tan grave es? —No puedo decirte si la empresa está cerca de quebrar sin revisar todos sus estados financieros. Pero sí puedo decirte que una demora en la liberación de esta garantía podría afectar una operación importante. —¿Y por eso intentó hacerme parecer incapaz? Elliot no respondió inmediatamente.

—Es una hipótesis que debemos investigar. Los documentos sugieren que alguien esperaba obtener una modificación en el control de los beneficios y utilizarla para facilitar una operación financiera. No sabemos todavía quién diseñó todo el plan ni qué sabía cada persona. Me levanté y caminé hasta la ventana. —¿Cuánto tiempo lleva Daniel con problemas de dinero? —Hay indicios de dificultades desde hace varios meses. La documentación que tenemos no permite establecer todavía cuándo comenzaron exactamente. Recordé las cenas en las que Vanessa se quejaba del precio de las reparaciones, los comentarios de Daniel sobre los costos de los materiales y las veces que lo había visto revisar su teléfono durante la madrugada. Yo había interpretado todo como estrés laboral. Quizá algunas de esas noches había estado intentando mantener a flote una empresa que ya no podía sostenerse por sí sola.

Eso no justificaba lo que me había hecho. Pero explicaba por qué mi hijo podía estar tan desesperado por conseguir acceso a recursos que no le pertenecían. —¿Daniel podría perder la casa? —pregunté. —Depende de los préstamos, de las garantías y de las obligaciones contractuales. No vamos a utilizar el fideicomiso para rescatarlo automáticamente, pero tampoco vamos a tomar decisiones precipitadas que puedan perjudicar a terceros. Me senté de nuevo. —No quiero que lo destruyamos. Elliot apoyó una mano sobre la carpeta. —Lo sé.