—Esto es el contrato del préstamo puente que Richard me ofreció al principio —dijo—. Nunca se formalizó, pero firmé una carta de intención.
Elliot revisó la primera página.
El documento describía una financiación condicionada a la disponibilidad de determinadas garantías y a la confirmación de una reorganización patrimonial.
En una cláusula, la operación quedaba supeditada a que el prestamista recibiera evidencia de que el control de ciertos activos familiares podía cambiar en un futuro próximo.
—¿Quién añadió esta cláusula? —preguntó Elliot.
—El abogado que trabajaba con Richard.
—¿Y tú la leíste antes de firmar?
Daniel tragó saliva.
—Sí.
Lo miré.
—Entonces sabías que tu empresa estaba utilizando mi posible pérdida de control como parte de su plan financiero.
—No pensé que llegarían a presentar una petición de tutela.
—Pero firmaste una carta que dependía de que ocurriera algo parecido.
Daniel bajó la cabeza.
—Sí.
No había forma de suavizarlo.
Su empresa estaba en problemas, pero él había aceptado un acuerdo que vinculaba su salvación económica con una transición patrimonial que no tenía derecho a exigir.
—¿Por qué me trajiste esto? —pregunté.
—Porque quiero que tengas todo. Aunque me perjudique.
Elliot guardó el documento para revisarlo y explicó que su presentación al banco debía hacerse de manera coordinada, preservando el original y dejando constancia de cómo se había obtenido.
Daniel aceptó.
Cuando terminó la reunión, se quedó junto a la puerta.
—Mamá, sé que no merezco pedirte nada. Pero si la empresa cierra, habrá empleados que perderán su trabajo. Hay personas que no sabían nada de esto.
Me levanté lentamente.
—Entonces deberías haber pensado en ellas antes de participar en una operación que podía destruirlo todo.
Daniel asintió.
—Lo sé.
—No puedo salvar tu empresa con mi patrimonio. No voy a hacerlo bajo presión y no voy a aceptar que conviertas a tus empleados en una razón para obligarme.
—No te lo pediré.
Lo observé mientras se marchaba.
Por primera vez, parecía comprender que yo podía sentir compasión por otras personas sin renunciar a mis propios límites.
Esa noche, Elliot me llamó con una actualización.
El banco había recibido el contrato del préstamo puente y había solicitado explicaciones a quienes habían preparado la operación.
También había solicitado que Arthur identificara la procedencia de la versión modificada del acuerdo.
El viernes se acercaba.
Y Richard, Vanessa y Arthur estaban perdiendo el control sobre la historia que habían intentado contar.
Pero aún quedaba una pregunta que no me dejaba dormir.
Si Thomas había previsto que alguien intentara utilizar una declaración de incapacidad para alterar el fideicomiso, ¿qué otra protección había dejado preparada?
La respuesta llegó a las ocho y doce de la mañana siguiente.
Elliot llamó desde su despacho.
—Margaret, acabamos de recibir una copia certificada del registro médico de Thomas. La fecha y la hora coinciden con la carta que encontramos.
Llegué al despacho de Elliot poco después de las nueve.
Sobre su escritorio había tres documentos: el registro médico certificado, la carta de Thomas y una copia del acuerdo comercial cuestionado.
Elliot me pidió que me sentara.
—La documentación confirma que Thomas acudió al centro médico la tarde anterior a su muerte —explicó—. El registro establece la hora de ingreso, el procedimiento y el momento en que recibió el alta.
—¿Eso demuestra que no firmó el documento?
—No por sí solo. Necesitamos comparar los horarios con la supuesta firma y verificar si existen otras pruebas que confirmen dónde estaba. Pero la cronología presenta un problema serio para la versión que nos entregaron.
Me mostró la página del acuerdo modificado.
La firma atribuida a Thomas aparecía junto a una fecha y una hora específicas.
El documento afirmaba que Thomas había firmado una modificación a las cinco y veinte de la tarde.
El registro médico indicaba que, a esa hora, se encontraba bajo supervisión del personal de la clínica.
—¿Pudo haber firmado después? —pregunté.
—Tendríamos que revisar todos los registros y las circunstancias. Sin embargo, la carta que dejó a Elliot y los documentos médicos indican que debemos examinar cuidadosamente la afirmación de que firmó esa modificación en ese momento.
Elliot pasó a la última página del registro.
Allí había una anotación sobre una llamada recibida por la clínica durante la estancia de Thomas.
El personal había registrado que una persona solicitó confirmar si él seguía allí.
La llamada se produjo poco antes de la hora que figuraba en el documento cuestionado.
No aparecía el nombre de quien había llamado, pero sí el número telefónico desde el que se realizó.
Elliot lo comparó con los registros de contacto que habíamos recibido de Laura.
Después tomó su teléfono.
—Este número aparece asociado a la oficina de Arthur Bell.
Me quedé inmóvil.
—¿Arthur llamó a la clínica para saber dónde estaba Thomas?