«Thomas no habría aceptado que yo saliera de la empresa sin una compensación adicional. Tú conoces los números. Necesito que revises las copias que conservas».

Arthur respondió dos días después:

«No puedo certificar una obligación que no aparece en el acuerdo. Debemos distinguir entre una promesa verbal que alguien recuerda y una obligación documentada».

Elliot dejó de leer.

—Estos correos son relevantes, pero debemos verificar su autenticidad y su contexto completo. No sabemos si existieron otras comunicaciones ni si hay documentos adicionales que puedan modificar la interpretación.

—¿Y el archivo que Arthur abrió después de la muerte de Thomas?

—Vamos a examinarlo con cuidado.

El especialista encontró una carpeta con dos versiones del acuerdo comercial.

La primera coincidía con el documento original que habíamos localizado a través del antiguo abogado.

La segunda contenía las diferencias que ya conocíamos: faltaba la cláusula que delimitaba los activos excluidos y se había añadido un párrafo que podía interpretarse como una reserva de derechos económicos a favor de Richard.

Pero había otra diferencia.

En la segunda versión, la página de firmas tenía un número de referencia distinto al de las páginas anteriores.

El archivo original estaba compuesto por páginas escaneadas en diferentes momentos. La página de firmas había sido incorporada desde otro documento, y los metadatos indicaban que el archivo final se había ensamblado años después de la fecha que aparecía en la portada.

—Eso no basta para concluir que la firma es falsa —aclaró Elliot—. Los documentos históricos pueden digitalizarse mucho después de su firma. Lo que importa es si alguien presentó una copia ensamblada como si fuera un original íntegro y si el contenido añadido tenía respaldo auténtico.

—¿Podemos demostrar quién hizo los cambios?

—Todavía no. Pero tenemos registros de acceso, correos y testimonios que nos permitirán formular preguntas precisas.

A las diez, Laura Bennett llegó al despacho para prestar una declaración complementaria.

Estaba nerviosa, pero había llevado su computadora de trabajo y una copia de los archivos que había preparado para Arthur.

Elliot le explicó que no debía eliminar ni modificar nada, y que cualquier revisión técnica debía respetar las reglas aplicables y los derechos de todas las personas involucradas.

Laura abrió una carpeta.

—Encontré la solicitud original que recibí de Arthur —dijo—. La conservo porque me pidió que trabajara con una versión que no coincidía con la del archivo histórico.

Mostró un correo fechado varios meses antes.

Arthur le había pedido que preparara una copia «limpia y consolidada» del acuerdo, sin comentarios internos ni notas de archivo.

En un segundo mensaje, había solicitado que la nueva versión se utilizara como referencia para una consulta con el banco.

Laura había preguntado si debía conservar las diferencias entre las versiones.

La respuesta de Arthur decía:

«Utiliza el texto consolidado que te envié. Las notas antiguas complican la revisión y no son necesarias para la consulta».

Laura no había sido quien añadió el párrafo sobre los derechos de Richard. Según los registros disponibles, había recibido un archivo que ya contenía ese texto.

—¿Le preguntó a Arthur de dónde había salido? —preguntó Elliot.

—Sí. Me dijo que la cláusula reflejaba un entendimiento alcanzado durante las negociaciones originales.

—¿Le pidió que verificara ese entendimiento?

—No. Me dijo que el abogado de Richard confirmaría cualquier cuestión legal.

Elliot le preguntó si había visto una versión firmada por Thomas que incluyera el párrafo añadido.

Laura negó con la cabeza.

—Nunca vi una copia original con esa cláusula. Solo el archivo digital.

Aquella declaración era importante.

No demostraba quién había alterado el documento ni con qué intención, pero establecía que la versión utilizada en la preparación de la operación bancaria no procedía de un original que Laura hubiera examinado personalmente.

Elliot preparó un resumen de los hallazgos para los representantes legales del banco y solicitó que se conservaran las comunicaciones completas.

Después nos comunicamos con el abogado de Richard para pedir una explicación formal sobre los correos encontrados.

Su respuesta llegó poco antes del mediodía.

Richard reconocía haber solicitado a Arthur que investigara la posibilidad de una reclamación adicional. Negaba haber ordenado la modificación del documento y afirmaba que había confiado en la interpretación que Arthur le proporcionó más adelante.

La respuesta incluía una frase que me hizo detenerme.

«Mi cliente considera que el documento consolidado refleja el entendimiento económico que existía entre los hermanos, aunque reconoce que no conserva una copia firmada por ambas partes».

No era una admisión de fraude.

Pero sí debilitaba la afirmación de que Richard tenía una modificación firmada que respaldaba su reclamación.

A la una, recibimos una solicitud de entrevista del equipo jurídico del banco.

La entidad quería escuchar a los representantes de las partes y comprender cómo se había presentado el documento.

Elliot me acompañó.

Durante la reunión, los abogados del banco preguntaron cuándo habíamos conocido la versión modificada, qué diferencias habíamos identificado y qué documentos sustentaban nuestras objeciones.