Él activó inmediatamente la grabación de notas de la conversación, de acuerdo con el procedimiento de su despacho, y me indicó que siguiera hablando sin ofrecer información adicional. —¿Por qué me llama? —pregunté. Laura tardó en responder. —Porque el señor Bell me pidió que preparara una copia certificada de un documento antiguo. Cuando comparé la versión que me entregó con la que estaba archivada, encontré diferencias. Elliot se inclinó hacia el teléfono. —Señorita Bennett, soy Elliot Grant, abogado de Margaret Halbrook. Le agradecería que no modificara ni destruyera ningún documento relacionado con este asunto. Enviaremos una solicitud formal para preservar los registros y coordinar una entrega segura. —Eso es lo que quiero —respondió Laura—. No quiero que nadie diga después que yo cambié algo. —¿Puede decirnos si el documento original llevaba las firmas de Thomas y Margaret? —El original que yo vi no contenía la autorización que aparece en la nueva versión.

Sentí un golpe en el pecho. —¿Qué contenía? —pregunté. Laura respiró profundamente. —Era un acuerdo antiguo relacionado con una disputa comercial entre Thomas y Richard. Establecía las condiciones bajo las cuales se separaron sus negocios. No transfería a Richard ningún derecho sobre el fideicomiso familiar. Elliot tomó notas rápidamente. —¿Cuándo recibió la nueva versión? —Hace dos semanas. —¿Quién se la entregó? —Arthur Bell. —¿Y qué le pidió que hiciera? —Que preparara una copia con formato actualizado y que verificara que los nombres coincidieran con los registros históricos. —¿Le pidió que reprodujera las firmas? —No con esas palabras. Me dijo que el documento original tenía que incorporarse a un expediente de reorganización familiar. Elliot mantuvo la voz firme. —¿Usted reprodujo alguna firma? —No. Me negué a hacerlo cuando vi las diferencias.

Por eso estoy llamando. La conversación duró varios minutos más. Laura aceptó conservar los archivos y coordinar una entrega formal al despacho. Cuando colgamos, me quedé mirando el teléfono. —Entonces la firma de Thomas podría haber sido añadida después —dije. —Podría —respondió Elliot—. Tenemos que verificarlo mediante un análisis forense y revisar la cadena de custodia del documento. Pero el testimonio de Laura es relevante y debemos preservarlo. —¿Arthur intentó modificar el acuerdo antiguo? —Eso es lo que necesitamos determinar. Elliot se levantó para hacer varias llamadas. Yo permanecí sentada, repasando cada recuerdo que tenía de Arthur. Había estado en nuestra casa pocas semanas antes de la muerte de Thomas. Recuerdo que mi esposo lo recibió en su despacho y cerró la puerta. Cuando le pregunté de qué habían hablado,

Thomas respondió que estaban revisando documentos de una antigua sociedad. Nunca mencionó a Richard. Nunca me dijo que existiera una disputa pendiente sobre el fideicomiso. Pero había algo más. Una semana después de la muerte de mi esposo, Arthur me entregó una caja con documentos personales y me dijo que Thomas había dejado todo perfectamente organizado. Yo le agradecí. Lo invité a quedarse a cenar. Incluso lloré frente a él mientras le contaba cuánto extrañaba a mi marido. Si Arthur había estado preparando una operación con Richard y Vanessa, había utilizado una confianza que Thomas había construido durante décadas. Y yo había abierto la puerta de mi casa a esa persona sin sospechar nada. A las siete de la tarde, Laura envió los primeros archivos al despacho de Elliot. No eran documentos completos,

pero incluyeron una comparación entre la versión histórica y la nueva. En el acuerdo original, Thomas y Richard habían firmado una separación comercial definitiva. Una cláusula establecía que ninguna de las partes conservaría derechos de control sobre los activos de la otra después de completar las obligaciones pendientes. En la nueva versión, esa cláusula había desaparecido. En su lugar, aparecía un párrafo que afirmaba que Richard conservaba un interés económico residual en ciertos activos familiares. El párrafo llevaba una referencia a un anexo que no estaba incluido. Y debajo de esa sección aparecía la firma de Thomas.